El Cilindro Orbital

Cilindro orbital mediterráneo
Cilindro orbital mediterráneo

La madre suspiró, y la ingeniera habló.

—Primero, debes localizar un asteroide. Debes entender su estructura, su composición. Debe ser preferiblemente grande, y sin mucho hielo. Debes saber si tiene metales o no. Si los tiene, debes extraerlos, debes cavar y cavar hasta extraer la última pieza de metal de él.

—¡Mamá! Te pregunté cómo se hace el vino, ¡Y me estás hablando de asteroides!

—¡Por eso! Escucha primero, es parte del proceso.

—Está bien, ¿qué sigue?

—Luego repites ese proceso una vez más.

—¿Y luego?

—Lo repites una vez más. Cinco veces, Diez veces. Más asteroides, más metal.

—¿Cincuenta veces?

—¡Cien veces! Después debe fundir el metal, formar aleaciones resistentes, y construir las miles de piezas que conforman el hábitat espacial. Después ensamblas cuidadosamente el cascarón cilíndrico, usando incontables drones y bajo estricta supervisión. Luego, se instala el reactor nuclear y usando un potente motor se pone a girar el cilindro. Ahí es cuando la gravedad aparece.

—¿Como una botella de vino gigante? No entiendo qué tiene que ver todo esto con el vino.

—Aún no termino. Pronto entenderás.

—Está bien. Continúa mamá.

—Bien, ahora sigue el proceso más difícil de todos. Se instalan los sistema de mantenimiento, de purificación y remediación climática. Ahí es por donde pasan todos los desechos que el ecosistema no puede filtrar. Se construyen e instalan las redes de drenaje y ventilación, los pasillos de mantenimiento y la computadora supervisora. Se colocan las pantallas celestes, el sol artificial y los generadores climáticos.

—¿Qué es un generador climático?

Es lo que genera las corrientes de aire, la temperatura, y la humedad necesaria para convertir este lugar en un paraíso mediterráneo. ¿Puedes sentir el viento?

—Sí.

—¿Sientes la frescura de la brisa?

—Sí…

—Es gracias al generador climático.

—¿Qué más?

—Y luego se cubre todo ese metal, todos esos tubos, sensores, mecanismos y computadoras con una capa impermeable, y luego con varios metros de tierra fertilizada con materia orgánica, y se le da forma al ritmo de los planes de paisajistas expertos. Se esculpen cerros y valles, y se llena de agua las lagunas y arroyos. Se bombea aire para crear una atmósfera placentera, se transportan miles de árboles de los viveros hasta aquí, y se colocan con precisión quirúrgica. Se liberan semillas silvestres, flores, hierba, esporas, enjambres de insectos, y aves. Se construyen granjas, pueblos, silos, establos, caminos, campos de cultivo y cabañas de madera. Finalmente tienes los ingredientes necesarios: el clima, el paisaje, el suelo, y el agua para poder cultivar vid y hacer vino.

—¿Es todo?

—Claro que no. El último paso es el más complicado, tan largo que no tiene fin. Debes cuidar del paisaje, del agua, del aire, de las plantas, del suelo y los animales. Debes cuidar hasta de los sistemas que mantienen este lugar funcionando. Revisarlos cada día, y una y otra vez, aunque todo esté funcionando como debe. La única forma de asegurar que el vino sea el mejor de todos, es tratando a este lugar como tu propia hija.

Pausó para tomar aire y recordar la complejidad debajo de la simple vida del hábitat. Miró al a mariposa bebiendo néctar de una de las flores del pastizal, incapaz de comprender lo que se necesitó para traerla hasta ahí.

—Y bien, ¿Eso responde a tu pregunta?

—No del todo. Yo quería saber del proceso de fermentación.

La pregunta era más simple de lo que había pensado.

—Me hubieras dicho eso antes.